En cuanto a la preparación, Marega destacó la coordinación con el Gobierno provincial y aseguró que el municipio trabaja con protocolos para enfrentar la emergencia. “Hoy llegamos mucho mejor preparados para enfrentar todo lo que se viene o lo que comenzó a llegar”, afirmó. No obstante, reconoció que la prevención no elimina las dificultades que pueden aparecer si se registran precipitaciones abundantes en poco tiempo y se demora el escurrimiento del agua.
Por su parte, el secretario de Agricultura de Santa Fe, Ignacio Mántaras, explicó que los pronósticos anticipan lluvias que podrían comenzar a intensificarse durante noviembre, con un posible pico en diciembre y precipitaciones que se extenderían hasta febrero. Sin embargo, diferenció ese escenario del avance actual del río, que se aceleró por las lluvias en el sur de Brasil y la apertura de represas aguas arriba. “La crecida se ha acelerado a raíz de las lluvias que han caído en Brasil, sur de Brasil, y la apertura de represas aguas arriba”, indicó.
Mántaras señaló que desde mayo la Provincia trabaja en prevención junto con municipios, comunas y comités de cuenca para mejorar la preparación frente a las inundaciones. Destacó las tareas en canales, cunetas, zanjas y alcantarillas, además de las intervenciones en distintas localidades. “Se ha hecho un gran trabajo de concientización, sabiendo que no va a ser suficiente, porque Santa Fe es una provincia vulnerable ante estos eventos climáticos”, advirtió. También indicó que se han intervenido cerca de 5.000 kilómetros de canales troncales, sobre una red provincial de unos 10.000 kilómetros.
El funcionario anticipó que las áreas con mayor exposición serían las zonas ribereñas de los diez departamentos santafesinos que se extienden sobre el Paraná. Según explicó, los pronósticos ubican el mayor impacto del fenómeno en el este provincial, debido a la carga de agua que recibirían las cuencas de los ríos Paraná y Uruguay. A diferencia de lo ocurrido durante el episodio de 2016-2017, cuando las lluvias afectaron con fuerza sectores del oeste y el centro, el escenario actual apunta principalmente a la región oriental, aunque Mántaras remarcó que las previsiones pueden cambiar.
La preocupación también alcanza a las localidades alejadas de los grandes cursos de agua. “Si se esperan precipitaciones muy por encima de lo normal, todo lo que llueve tiene que salir y el Paraná va a estar muy cargado, las napas van a estar muy cargadas”, explicó. En ese contexto, señaló que las lluvias intensas pueden dejar agua acumulada durante varios días y complicar el drenaje, especialmente cuando el río alto funciona como una barrera para el escurrimiento de los sistemas internos.
En el sector agrícola, Mántaras consideró que el exceso de agua no necesariamente se traducirá en una caída generalizada de los rendimientos. “Habitualmente son años de cosecha récord. El agua favorece la producción”, afirmó, aunque pidió prudencia al evaluar el impacto final. Indicó que tanto la campaña de trigo como la siembra de los cultivos de gruesa venían mostrando resultados favorables, pero advirtió que las condiciones de los caminos durante febrero, marzo y abril podrían dificultar la recolección.
La situación de la cuenca lechera y de los sistemas productivos del centro provincial también dependerá del ingreso de agua desde otras jurisdicciones. Mántaras explicó que, si no se registran aportes importantes desde Córdoba a través de los ríos Salado y Vila Cululú, el escenario podría ser menos complejo. En cambio, si se combinan lluvias locales con agua proveniente de provincias vecinas, podrían aumentar las dificultades para los productores y las comunidades rurales.
En la ganadería de islas, el desafío inmediato es retirar los animales y encontrar lugares adecuados para mantenerlos hasta que baje el agua. El secretario sostuvo que muchos productores tienen experiencia y cuentan con campos en altura o barcazas propias, pero alertó sobre la vulnerabilidad de los establecimientos más pequeños. “La mitad de esos productores tienen menos de 50 animales registrados”, detalló, y señaló que algunos viven en las islas y podrían verse obligados a trasladar sus rodeos hacia sectores cercanos a las rutas.
Mántaras también planteó que los precios actuales de la hacienda pueden influir en las decisiones de los productores ante la necesidad de reducir sus rodeos. “Entendemos que para cualquier productor no es fácil desarmar su rodeo”, afirmó, aunque consideró que la venta de animales podría convertirse en una alternativa para algunos establecimientos. La decisión dependerá de las condiciones de cada productor, de la disponibilidad de campos para trasladar el ganado y de la duración de la creciente.
Otro punto clave es la coordinación hídrica con las provincias vecinas. El funcionario confirmó que Santa Fe mantiene conversaciones con Córdoba, Santiago del Estero y Chaco para abordar los aportes de agua que pueden llegar desde sus territorios. Recordó que las lluvias registradas en marzo y abril en Villa Minetti se agravaron por el ingreso de agua desde Santiago del Estero y recargaron rápidamente el sistema de bajos y bañados. “El objetivo que tenemos nosotros como gobierno es volvernos más resilientes como provincia”, sostuvo.
Finalmente, Mántaras destacó las inversiones en infraestructura, entre ellas la compra de bombas de bajo levante y de achique, la construcción de terraplenes y las obras de protección en distintas localidades. También subrayó la importancia del manejo del suelo, el agua y el bosque para favorecer la absorción de las precipitaciones dentro de los propios establecimientos. Sin embargo, insistió en que la evolución dependerá de la intensidad y distribución de las lluvias. Mientras Villa Ocampo ya enfrenta la salida del ganado de las islas, la Provincia sigue de cerca la evolución del Paraná y se prepara para un período de riesgo que podría extenderse durante el verano.