Mario Pergolini parece haber mejorado como ser humano. En un rato se lo vamos a preguntar. Es como si ya no se preocupara por ser el más rápido del Oeste. Escucha con atención, no intenta devolver usando salidas siempre ingeniosas. Es un sexagenario que en el día de la nota, 3 de julio, está cumpliendo los 61. A punto de estrenar programa nuevo (Otro día perdido, a partir del 14 de julio, de lunes a viernes a las 22.30,.por eltrece), después de 15 años sin televisión, ahora está conociendo su camarín. En la heladera hay gaseosas. “Antes había merca en la tele, jajaja”. Prueba los sillones, los mueve de lugar. "¡Hay ducha!". Diríamos que está tomando posesión de un formidable dos ambientes con dependencias.
Más tranquilo, maduro, y desde que hace un streaming rodeado de púberes, más equilibrado aún. Es como si esas juventudes casi crismorénicas le hubieran regalado a Mario Pergolini una perspectiva que antes, rodeado de pares, no se permitía.
Ahora es un tipo que de pronto cuenta lo que sintió cuando vio a Guns N'Roses en la Argentina, y se lo cuenta a un interlocutor que a principios de los '90 ni siquiera había nacido. Una voz que no llega sólo desde la experiencia, sino de lugares envidiables y privilegiados.
Las canas van ganando, pero no tanto en lo alto de su saludable robustez. Pergolini fue adquiriendo una fisonomía senior a la que Marcelo Tinelli -sólo por citar a su histórico adversario- parece resistirse con un look onda Auténticos Decadentes.
Fue importantísimo para un par de generaciones que crecieron escuchando la Rock & Pop. Es uno de los máximos responsables de nuestra educación sentimental. Le pedís, como un Cerati cualquiera, que te cuente cosas imposibles y entonces dice que tiene un récord: haber logrado el 78 por ciento de share con su programa. “Inédito, está en el libro Días de Radio, de Carlos Ulanovsky”.