No celebramos solo una tradición. Abrazamos a la Pachamama, la Madre Tierra que nos sostiene desde el primer día de nuestra existencia.
Ella nos regala el agua que calma la sed, el alimento que llega a nuestra mesa, las montañas que nos protegen, los ríos que dan vida, los bosques que respiran por nosotros y cada ser que habita este mundo. Todo nace de ella. Todo vuelve a ella.
Cada 1.º de agosto, los pueblos originarios renuevan un antiguo gesto de gratitud. Con profundo respeto ofrecen alimentos y bebidas a la tierra, recordando que antes de pedir, hay que agradecer. Es un acto de amor, de humildad y de reconocimiento hacia quien nunca deja de darnos.
En muchos rincones del interior de Catamarca esta ceremonia sigue viva, pasando de generación en generación como un legado sagrado. Porque la Pachamama no pertenece al pasado: vive en nuestro presente y nos invita a cuidar el futuro.
Hoy más que nunca necesitamos volver a mirar la tierra con respeto. No como un recurso para explotar, sino como nuestra casa, nuestra madre y el legado que dejaremos a quienes vendrán después.
Que este día nos encuentre con el corazón agradecido, honrando a nuestros ancestros y renovando el compromiso de proteger la vida en todas sus formas.
Kusilla, Kusilla… ¡alegría, alegría!
Que la fuerza de la Pachamama nos acompañe y que vengan tiempos de esperanza, unión y abundancia para todos.
¡Feliz Día de la Pachamama!
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