Más de la mitad de los niños, niñas y adolescentes del país vive en condiciones de pobreza. Así lo reveló el último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, que encendió una señal de alerta sobre la magnitud y profundidad de la crisis social en la Argentina.
Según el relevamiento, el 53,6% de los menores reside en hogares pobres por ingresos, mientras que un 10,7% se encuentra en situación de indigencia. Aunque los indicadores muestran una leve mejora respecto de 2024, el estudio remarca que los niveles continúan siendo elevados en términos históricos.
El informe subraya que la pobreza va más allá de lo económico. Las condiciones de crianza reflejan fuertes privaciones: el 30,5% de los chicos no comparte actividades de lectura con adultos, el 19,6% no festeja su cumpleaños y el 26,9% comparte cama o colchón.
Además, más del 80% no accede a actividades culturales y el 55% no realiza actividad física fuera del ámbito escolar.
En materia habitacional, el 18,1% vive en viviendas precarias y el 20,9% en condiciones de hacinamiento, mientras que un 42% carece de acceso adecuado a servicios de saneamiento. Estas problemáticas se concentran principalmente en sectores vulnerables y en el conurbano bonaerense.
La situación sanitaria también preocupa: el 61,2% de los niños no cuenta con cobertura de salud y depende exclusivamente del sistema público. A su vez, casi uno de cada cinco dejó de asistir a controles médicos o odontológicos por motivos económicos durante 2025.
En cuanto a la alimentación, el estudio indica que el 28,8% de los menores experimenta inseguridad alimentaria, con un 13,2% en su forma más grave, mientras que la asistencia alimentaria alcanza niveles récord.
El deterioro también impacta en la educación: el 24,4% de los niños de nivel inicial no asiste a clases, y en secundaria el 23,6% presenta rezago educativo. Las desigualdades son marcadas: los adolescentes de sectores más pobres tienen hasta cinco veces más probabilidades de sufrir retraso escolar.
Finalmente, el informe advierte sobre el impacto en la vida social: más de uno de cada cuatro niños tiene dificultades para generar vínculos o hacer amigos, un factor que incide directamente en su desempeño educativo y desarrollo integral.
El diagnóstico de la Universidad Católica Argentina es contundente: la pobreza infantil en la Argentina no solo persiste, sino que configura un escenario de desigualdad estructural que compromete el presente y el futuro de toda una generación.
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