El informe señala que la suba de los precios de la energía y los ajustes en el transporte generan un efecto cascada sobre el resto de los bienes y servicios. A esto se suma la presión cambiaria y el encarecimiento de insumos importados, que elevan los costos de producción.
Si bien el Gobierno había proyectado una desaceleración en el índice de precios, los analistas consideran que la combinación de aumentos internos y tensiones externas podría frenar esa tendencia. La inflación acumulada en el primer trimestre se mantiene en niveles altos, lo que refuerza la preocupación sobre el poder adquisitivo de los salarios.
La expectativa está puesta en los próximos meses, cuando se definan nuevas tarifas y se evalúe el impacto de la política monetaria. Por ahora, marzo se perfila como un mes complejo, con un índice que podría superar el 3% y marcar un nuevo desafío para la economía argentina.
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