Se despedía aquel futbolista que tantas veces hizo gritar a una provincia entera, que convirtió goles inolvidables y que construyó una relación con los hinchas que va mucho más allá del fútbol.
El Pulga tuvo su último baile. Volvió a jugar, volvió a marcar, volvió a hacer su saltito y volvió a escuchar el canto de su gente.
Y cuando llegó la hora de decir adiós, quedó claro que hay ídolos que pueden dejar la cancha, pero nunca se van del corazón de los hinchas.