La apuesta por las inferiores, el desarrollo de los jugadores y la posibilidad de competir en escenarios cada vez más exigentes permitieron que el nombre de Monteros Vóley comenzara a aparecer con frecuencia en distintos lugares del mapa del vóley.
Hoy, cuando un jugador formado en el Naranja se pone una camiseta en España, Hungría, Chipre, Kosovo, Bolivia o Paraguay, o cuando otro integra una selección argentina, detrás aparece una historia que comenzó muchos años antes, en una cancha de Monteros.
El Naranja se convirtió en un semillero inagotable. Los nombres que crecieron y pasaron por la institución siguen sus destinos, conquistan nuevos escenarios y escriben sus propias historias, pero ninguno olvida el lugar donde comenzó todo.
Monteros Vóley no solo forma jugadores para ganar partidos: forma jugadores para que puedan hacer del vóley una carrera. Y esa, quizás, sea la mayor victoria de todas.