- También existe un mundo editorial independiente muy activo, que sostiene una producción aun con recursos limitados...
- Exactamente. Trabajan, son creativos y encuentran maneras de publicar y de mantener vivo el libro en papel, muchas veces sin dinero, pero con ideas. Cuando se hacen las ferias, desde el oficialismo no siempre se incluye a los más valiosos. También existe una Cámara de Editores Tucumanos que, en algunos casos, parece existir más en la ficción que en los hechos, porque también los editores tienen su ego y a veces no se ponen de acuerdo. Todas estas cuestiones deberían generar un andamiaje y ahí creo que hay una función del Estado. Toda esa fuerza, esa energía y esa capacidad de hacer cosas con dos mangos, sumadas a la estructura del Estado, podrían significar un avance enorme.
- ¿Cómo trabajar en ese sentido?
- Pienso que sería más inteligente que determinados funcionarios o responsables de áreas accedieran a esos cargos mediante concursos. A veces cuestiono que se ponga a un artista en ese lugar, porque el artista no necesariamente tiene la capacidad de gestionar. Yo pondría un gestor. Creo en la burocracia que sirve: alguien de carrera que sepa optimizar los recursos, los talentos y las ganas. Hay personas que ocupan espacios y uno se pregunta, sinceramente, cómo hacen.
-¿Dónde observás con mayor claridad estas situaciones?
- Por ejemplo, se destinan recursos a personas que no es necesario que asistan a determinados eventos, mientras escritores que no tienen medios para un viaje no pueden presentar sus obras. Hay escritores, gestores culturales y gente de bibliotecas que llegan a Buenos Aires para la Feria y ni siquiera tienen dinero para un hotel. Desde 1999 abro las puertas de mi casa para que puedan quedarse. Lo hago de onda, porque además compartimos, hablamos, escucho, aprendo y leo. Como no puedo estar siempre en Tucumán, siento que Tucumán también entra por mi casa. Entonces me pregunto: ¿dónde están los recursos?
- ¿Y en cuanto a las políticas culturales ligadas con la educación?
- Ahí debe estar el Estado, buscando la manera de nutrir a la escuela pública con literatura tucumana. El discurso es que debemos hacer que lean a nuestros escritores, pero la realidad es que muchos docentes trabajan como pueden, porque no tienen acceso a publicaciones tucumanas de manera sistemática. Nuestros libros terminan muriendo en un anaquel de depósito, mientras los autores locales gastan lo que no tienen para hacer su primera publicación y después terminan regalando los ejemplares.
- ¿Por qué decidís exponer estas críticas con tanta claridad?
- La cultura es una industria y la industria cultural es un medio que puede contener, desarrollar, dar trabajo y mostrar todo lo que somos. Pero necesitamos ideas. “Es tiempo de que la imaginación llegue al poder”, decían en el Mayo Francés. Todavía no se entendió que la cultura es una necesidad y también una industria en la cual hay que apostar. Todo el tiempo se habla de turismo, pero ¿la cultura no forma parte de aquello que puede hacer que ese turismo venga?
- ¿Dónde sentís que estás parado hoy como escritor y hacia dónde vas?
- Tengo un solo objetivo: seguir escribiendo, corrigiendo y publicando. Para mí, la completitud de una obra se produce cuando el lector la lee y hace la transferencia. Ni siquiera cuando está publicada: la publicación es apenas el medio camino. Ya no tengo esa mirada egocéntrica de que el escritor escribe solamente para sí mismo. Tiene que ver también con mi profesión de comunicador. Voy hacia eso. Y también hacia una literatura más contestataria, la injusticia es algo que me moviliza y, como vivimos desde hace algunos años una naturalización terrible de la crueldad en los medios, en las redes sociales y en el sistema, me parece que mi literatura va hacia la necesidad de mostrar aquello que está oculto.
fuente LA Gaceta