El régimen de Teherán elevó un nuevo escalón en la escalada del conflicto geopolítico tras amenazar directamente a la familia real británica y advertir que podría bombardear una base militar en suelo inglés. La dura reacción de los Guardianes de la Revolución se produjo luego de que el flamante primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, autorizara el uso de instalaciones británicas para operaciones de cazas de la Fuerza Aérea de Estados Unidos contra territorio iraní.
A través de un comunicado oficial, Irán responsabilizó a la monarquía por un "oscuro historial" en Medio Oriente —que incluye la ocupación de Palestina y la división de países islámicos— y la señaló como una de las principales causantes de las disputas en la región. En ese contexto, Teherán declaró como un "objetivo militar legítimo" a la base de la RAF en Fairford, ubicada en Gloucestershire, utilizada como plataforma estratégica de avanzada para los bombardeos impulsados por la administración del presidente estadounidense Donald Trump.
Con esta decisión, la nueva gestión británica revalida la cooperación militar con la Casa Blanca en el marco del estallido bélico en Oriente Medio, una medida que genera un fuerte revuelo político interno y enciende las alarmas en materia de seguridad internacional ante la amenaza de represalias directas sobre la isla.
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