Muchos observadores estiman que su muerte reforzará a los Guardianes de la Revolución, muy arraigados en la economía iraní.
El país queda en manos de un triunvirato encargado de la transición. Lo componen el presidente Pezeshkian; el jefe del poder judicial, Gholamhosein Mohseni Ejeï, y Alireza Arafi, dignatario religioso miembro de la Asamblea de Expertos y del Consejo de los Guardianes de la Revolución, anunció el gobierno en X.
Reza Pahlavi, hijo del difunto sah, un dirigente prooccidental derrocado por la revolución islámica en 1979, estimó que cualquier sucesor procedente del sistema es ilegítimo.
Está convencido de que con la muerte de Jamenei «la república islámica ha llegado efectivamente a su fin y pronto será relegada al basurero de la historia».
Pahlavi, que ha pasado la mayor parte de su vida en el exilio cerca de Washington, se ha presentado como una figura de transición para una democracia secular, pero no cuenta con el apoyo de toda la oposición.
El presidente israelí, Isaac Herzog, dijo el domingo que espera que el enfrentamiento con Irán dé paso a una «nueva era» para todo Oriente Medio.
La indignación por la ola de ataques estadounidenses e israelíes se extendió a Irak y Pakistán, donde multitudes intentaron asaltar misiones diplomáticas estadounidenses.
En la ciudad paquistaní de Karachi, al menos ocho personas murieron durante las protestas pro-Irán, según Muhamad Amin, portavoz del servicio de rescate de la Fundación Edhi. Añadió que la mayoría presentaban heridas de bala.
Los ataques también provocaron la mayor perturbación en el transporte aéreo global desde la pandemia de covid-19, con miles de vuelos hacia Oriente Medio retrasados o cancelados.
Fuente: AFP